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BIOGRAFÍA DE GILDA

Bueno, llegó la hora de hablar un poco de Gilda, y mi experiencia con ella: Nunca antes había tenido un animal doméstico, aunque eso no quiere decir que no me gustaran, ¡al contrario! Lo cierto es que me gustan todos, pero el caso es que me acabé decidiendo por la compañía de un periquito.

Nombre GILDA
Sexo MACHO
Orden PSITACIFORMES
Familia PSITÁCIDAS
Especie MELOPSITTACUS UNDULATUS

Me decidí por el periquito, un ave divertida de la que había oído historias encantadoras sobre sus habilidades, pequeña y con pocas complicaciones de salud. Mi idea desde el principio fue que no quería tenerla todo el día en una jaula como si de un adorno se tratara, esperaba poder sacarla de vez en cuando y que jugara. No pude imaginarme entonces lo inteligente que resultaría ser.

Con todo esto claro, recorrí todas las tiendas de animales posibles preguntando acerca de los periquitos: sobre su alimentación, necesidades, precio y accesorios... Y finalmente me decidí a acoger uno de estos encantadores animales. Fue el viernes 25 de febrero del año 2000. Una de las tiendas que anteriormente había visitado disponía de dos ejemplares jóvenes que tan sólo hacía 10 días habían sido separados de sus padres. Debían tener aproximadamente mes o mes y medio, el sexo no era distinguible ya que la cera del pico aún no había logrado una coloración definitiva. Así que le pusimos el nombre de Gilda. Era completamente blanca, con una manchita azul clarito en la barriga, pequeña. No sabía volar. En la tienda nos aconsejaron facilitarle la comida y el agua poniendo el comedero y un recipiente para el agua en el suelo de la jaula mientras fuera tan pequeña y hasta que no pasara un tiempo. Seguimos este consejo y con el tiempo aprendió donde debía comer y beber realmente.

El primer día, por supuesto, mientras se le preparaba su jaula, estaba nerviosa, la cogía en mi mano y emitía una sonora queja que recordaba al sonido de los patos o algo así. Al segundo día con mucha paciencia y observándola en todo lo que hacía, conseguí que tuviera la confianza de posarse en mi dedo. Lo hice acercándole una barrita de miel a la que ella acudía y a continuación de la barra un dedo. Poco a poco aprendió la técnica y se subía en el dedo con toda confianza y tranquilidad. Recordemos que al ser tan pequeña y no saber volar podía sacarla de la jaula sin temor de que pudiera escaparse. Con el tiempo, empezó a trepar por la jaula, le pusimos dentro un espejo con un cascabel que adoraba y delante del cual se pasaba horas,… Más tarde empezó a volar. Primero sólo volaba de arriba abajo, después en todas direcciones, tomando giros, posándose en el hombro y en la cabeza, volviendo después de un vuelo por la habitación hasta su jaula,… También empezó a emitir sonidos, al principio era más bien silenciosa, después empezó a gritar piu, piu.

La cuestión de su sexo no se aclaró hasta prácticamente los seis meses, y es que entonces la cera (digamos que es la parte que está sobre el pico, donde están lo que para nosotros serían los agujeros de la nariz, por decirlo de alguna forma) se vio claramente que era de color azul.Si hubiera sido de un color más claro, rosado (más o menos) hubiera sido hembra. Pero en este caso digamos que es en realidad un macho. Aunque como la distinción de género es una cuestión meramente cultural, por supuesto la continuamos llamando Gilda.

Las plumas empezaron a cambiar, ya no era tan blanquita, ahora más bien azul y blanca. Las plumas de la cola le cambiaron también varias veces, siendo estas muy largas. La llevamos a una consulta veterinaria a los seis meses aproximadamente, para que determinara si se le debían cortar las uñas, o si estaba completamente bien. La veterinaria nos felicitó ya que le encantó ver que estaba tan bien cuidada y que pudimos sacarla de la jaula en la consulta y sin desconfiar, nuestra Gilda se posó en su dedo. No hizo falta cortarle las uñitas en ese momento. Aún era pequeña. En vacaciones nos separamos una semana de ella dejándola a los cuidados de una familiar, la cual quedó encantada con su presencia en esa semana y le costó devolvérmela, ya que había sido muy importante el cariño que le había cogido a la pequeña Gilda en esa semana.

Tras las vacaciones, quizás septiembre u octubre, sus sonidos que ya eran muy variados, empezaron a resultarnos particularmente curiosos por lo que les prestamos más atención. Nos percatamos de que entonaba como si se tratara de una conversación, parecía que afirmara, preguntara… Cogió también la costumbre de posarse sobre una puerta, imagen increíblemente divertida. Fue entonces cuando descubrimos lo que no esperábamos: hablaba. La oímos decir "Gilda guapa", algo que le decíamos desde el primer día. Sí, "Gilda guapa". Más tarde, no mucho, "Gildita",… Y a partir de aquí, no hay quien la pare, imita mi forma de toser, mi risa, y un montón de palabras y frases. Nunca deja de sorprendernos. Siempre hay algo nuevo. "Gilda, esto no". "Esto quema, Gilda". "Bonita".. Y un largo etcétera entre palabras que se le repiten, otras que oye de forma más o menos habitual, y otras que aún no entendemos.

A todo esto, se baña bajo un grifo abierto, bebe agua de un vaso, juega a fútbol con una pelota, empujándola con el pico y con la patita,... Es inteligente, divertida, curiosa, siempre sorprende,…Acerté de pleno con ella, nos lo pasamos estupendamente, me contagia su alegría. Le proporcionamos comida, agua, juguetes, una jaula limpia, tiempo y cariño. Pero todo lo que ella nos da, no puede cuantificarse. Es demasiado.

En los diferentes capítulos añadiré algo más sobre sus peripecias ya que es una divertida periquita y podréis ver además algunas divertidas fotos de ella en su
galería. Espero que os divierta.

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